Cuando el pasado 11 de octubre Panamá conseguía doblegar a Costa Rica (2-1) con un gol de Román Torres en los últimos compases del choque se confirmaba una de las grandes gestas de la fase clasificatoria al Mundial de 2018, la presencia de los canaleros en Rusia. Por ello, el presidente Juan Carlos Varela declaró fiesta nacional. Los trabajadores tuvieron el día libre y las clases fueron canceladas. Todo felicidad para un país poco acostumbrado a llevarse alegrías en el fútbol.

Cuatro años antes Panamá había sufrido una verdadera crueldad. Se plantó en la jornada final del Hexagonal de la Concacaf con una situación difícil pero no imposible. Recibía a Estados Unidos y si ganaba podría alcanzar a México en la cuarta plaza, que daba derecho a disputar la repesca contra Nueva Zelanda. Ese día México perdía 2-1 en Costa Rica y Panamá tenía el gol average a favor. Si los canaleros se imponían a Estados Unidos se jugarían la presencia en Brasil con Nueva Zelanda. El partido transcurrió por los cauces esperados. Gabriel Torres adelantó a Panamá y durante mucho tiempo los panameños estuvieron en cuarta posición del grupo. Mediado el segundo acto Michael Orozco puso las tablas. En pleno drama, Panamá se volcó sobre la meta de Brad Guzan y a falta de 7 minutos consiguió adelantarse en el marcador gracias a un tanto de Luis Tejada. Panamá rozaba con la yema de los dedos el jugarse su primera presencia mundialista ante Nueva Zelanda. El fútbol, caprichoso por decreto, tenía preparado otro destino. Graham Zusi en el minuto 91 hizo enmudecer el estado Rommel Fernández. Y Aron Johánnsson acabó por llenar de lágrimas cada rincón del país. El sueño panameño debería esperar.

Con ese precedente, la forma de clasificación de Panamá fue, en cierto modo, el pago de vuelta de aquella crueldad. Gol a favor en la recta final y sorprendente derrota de Estados Unidos ante Trinidad y Tobago. Por primera vez en su historia, Panamá estaría en un Mundial. Y lo haría tras una fase de clasificación donde tuvo que superar mil adversidades, entre ellas el fallecimiento de Amílcar Henríquez, internacional panameño y jugador del club Árabe Unido de Colón. Un golpe anímico que volvió a llenar de lágrimas al país centroamericano.

Por ello se entiende la felicidad de Panamá que esta tarde debutará en el Mundial. Un país de cuatro millones de personas que no dudaron en echarse a la calle para celebrar la histórica clasificación mundialista y que hoy no perderán detalle de la participación de su selección en la mayor cita futbolística del planeta.

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